26 abril 2006

Lehmann hunde el submarino

El despertar no ha podido ser más trágico. En el fútbol, como en todas las facetas de la vida, ser mejor y perder es siempre doloroso. Y si encima te quedas a las puertas una final de Champions League tras vapulear a todo un Arsenal fallando un penalti a 2 minutos del final, el batacazo contra la dura realidad es de órdago.

Objetivamente, el Villarreal ha sido muy superior al Arsenal de Henry, Cesc y Touré. Los discípulos de Pellegrini han cuajado un encuentro fantástico -especial mención para Javi Venta- y han logrado encerrar en su propia área a unos gunners que ya no sabían cómo perder más tiempo para acabar con el justito pero válido 0 a 0. Al final, la falta de pegada amarilla en los 180 minutos de eliminatoria ha acabado por hundir en la miseria al Submarino Amarillo. Y por ello, el incombustible Eboué, el coloso Touré (gol incluído) y el infranquable Lehmann han sido los grandes protagonistas de la eliminatoria.

Tardará tiempo 'Guille' Franco en borrar de su mente las ocasiones perdidas como pasarán meses hasta que Riquelme olvide las manoplas de Lehmann parándole el penalti de la prórroga y, quién sabe ya, si de la final soñada. La imagen de un Touré eufórico abrazando al meta teutón contrastaba con la mirada 'a ninguna parte' de Riquelme y con los ojos llorosos de un abatido Roig en el palco y de 23.000 seguidores en la grada.

En caliente, es lógico que en Villarreal estén de luto. Antes del encuentro, el sueño de París parecía más una ilusión imposible que un hecho tangible, pero la superioridad demostrada hoy ante el Arsenal ha aumentado el cardenal del trompazo final. Con el tiempo, en Villarreal se darán cuenta de lo que han hecho y recordarán la temporada 2005-06 como un logro y no como una derrota. Así es el fútbol, un deporte lleno de pasión, emoción, alegrías y penas en el que pocas veces vencen los mejores. Hoy ha caído el Villarreal, pero las imágenes de su extraordinaria andadura en esta Copa de Europa jamás desaparecerán de la mente de todos.

El dato: Esta es la segunda vez que el Villarreal se queda a las puertas de una final europea. Hace dos temporadas, el Submarino Amarillo cayó en las semifinales de la UEFA Cup ante el Valencia tras empatar 0 a 0 en El Madrigal y perder 1 a 0 en Mestalla (gol de Mista).

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Fotos extraídas de www.marca.com
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Video: el penalti de Riquelme (martiperarnau.blogspot.com)

24 abril 2006

Larga vida al buen fútbol

En el pasado artículo afirmaba que el Barcelona debía ser ahora resultadista. Una vez el conjunto de Frank Rijkaard ha demostrado por activa y por pasiva ser el mejor equipo de toda Europa debe certificar esta condición alzando la Copa de Europa. Para ello debe empatar un partido en casa y vencer la finalísima de París (4 puntos --1+3, nunca 3+1-- en dos encuentros). Y para ello son innecesarios los taconazos, las rabonas y las jugadas de 17 pases al primer toque. Todo esto no significa que un equipo que quiere ser el mejor no deba practicar un juego bonito y atrayente para el aficionado. Así, el Barcelona, el Arsenal, el Milan, el Olympique de Lyon o el Werder Bremen han demostrado ser conjuntos que saben jugar al fútbol y dignos de ser situados entre los mejores del año. Estos equipos, cuando finalice la temporada, levantarán o no algún trofeo, pero sus aficionados no podrán decir que han pagado una entrada o un carnet de socio sin ver espectáculo.

Al otro lado de la balanza están los equipos que tienen al resultadismo como principal leit motive. Aquí encontramos, entre otras decenas de equipos, al Oporto de Mourinho, a la Grecia de Otto Rehhagel, al Valencia y Liverpool de Benítez, a la Juventus de Capello y al actual 'petroChelsea'. Como habréis comprobado, todos los citados comparten tanto el hecho de haber ganado títulos de renombre como el haber practicado un fútbol que ha aburrido hasta a las ovejas más marchosas. Algunos querréis salvar al Chelsea de Mourinho aludiendo a que los blues han jugado bien algunos partidos. No nos engañemos. Un equipo que gasta lo que gasta y que cuenta en sus filas con jugadores de la talla y la calidad de Lampard, Robben, Joe Cole o Drogba está obligado a mucho más que a ganar partidos por la mínima y con Terry de ariete en los momentos difíciles (ver 'paradigma del resultadismo').

Esta temporada, a pesar que tanto Chelsea como Juventus acabarán ganando sus respectivos campeonatos, los románticos del buen fútbol podemos sonreír. Por un lado, el superChelsky invencible acabará el año con más pena que gloria y con la sensación final de haber medio fracasado. Tras caer eliminados en octavos de final de la Champions ante un Barcelona que le bailó y le ganó en un estadio embarrizado a posta, los blues se alzarán con una Premier al final más sufrida de la cuenta y con la sensación de no haber sido tan dominadores como en invierno alardeaba Mourinho. Lo cierto es que tanto Manchester United como Arsenal despertaron muy tarde de un letargo extraño que permitió la escapada, al final irrevocable, de los blues. Lo que debería ser un título histórico (tercera Premier de toda su historia y segunda seguida) se ha convertido, al final, en un logro agridulce. Prueba de ello es la tercera megainversión que llevará a cabo Abramovich este verano con la intención de crear un Chelsea de leyenda. Jugadores no le van a faltar (de momento van Ballack y Shevchenko), pero quizá la filosofía del fútbol ofensivo y de altos quilates sí (no se deja de ser un equipo resultadista de la noche a la mañana). En segundo lugar, encontramos a la Juventus del siempre especulativo Capello que ahora sufre canínamente para certificar este Scudetto que parecía suyo desde el principio. A pesar de los constantes tropiezos del Milan y de las múltiples ayudas arbitrales que ha disfrutado durante toda la temporada, la Vecchia Signora sólo le saca tres puntos al conjunto de Berlusconi a falta de 3 jornadas. Con el calendario en mano está claro que el título no se le va a escapar, pero, al igual que al aficionado blue, el sabor final que le quedará al tifosi bianconero no es del todo dulce. En Champions, la Juventus fue vapuleada por el juvenil y alegre Arsenal de Wénger en el ya añorado Highbury demostrando además ser incapaz de atacar en la vuelta. Supongo que los 'mandamientos' de Capello se lo prohibían. La Juventus es un equipo que, históricamente, ha practicado un juego aburrido y tostón que jamás llenó ni llenará Delle Alpi. Si a esta filosofía de club le añadimos a Capello estamos juntando el hambre con las ganas de comer. Además, en Torino se espera un verano de lo más movidito. Los grandes pilares bianconeros están envejeciendo y la renovación de la plantilla parece ya inevitable. Jugadores como Thuram, Cannavaro, Emerson, Del Piero, Nedved, Vieira o Trezeguet están llegando ya al final de sus respectivas carreras y los nuevos buques insignias no acaban de convencer. Camoranesi ha tenido esta temporada muchos problemas con Capello y, tras su autoexpulsión de Highbury, parece estar más fuera que dentro de la Juventus. El segundo futuro líder, Ibrahimovich, está siendo muy criticado por su falta de gol y también podría hacer las maletas en busca de algún club que sepa anteponer su enorme calidad técnica a su falta de instinto asesino.

Por todo ello, podemos afirmar que esta temporada, y en contra de lo que históricamente suele suceder, el buen fútbol se ha impuesto al resultadismo. Así, equipos como el Barcelona o el Lyon han plasmado su jogo bonito en forma de Liga. Además, en la Champions League quedan vivos 4 equipos que prefieren una rabona a un gol de rebote y que, en algún momento, han vengando a los de su especie frente al bloque resultadista. De este modo, el Arsenal bailó a la Juventus, el Barcelona hizo lo propio con el Chelsea, el Villarreal pasó por encima del especulativo juego del Inter y el Milan se cargó al rocoso Bayern de Munich con un espectacular 4 a 1. Además, tras la injusta eliminación del vistoso Olympique de Lyon en manos de un Milan en aquella eliminatoria vestido de resultadista, el equipo de Ancelotti sucumbió en su propio estadio ante la magia de Ronaldinho e Iniesta.

Como cada año, muchos son los goles, jugadas, equipos y jugadores que entrarán en el anuario de la temporada 2005-06. Y como siempre saltará alguna sorpresa. Una de ellas, la victoria del jogo bonito en el apartado 'buen fútbol versus resultadismo'. La siguiente 'batalla' de este parámetro la viviremos en el próximo Mundial. Del lado del jogo bonito estarán Brasil y Holanda que deberán enfrentarse a las Italias y Alemanias amantes del 1 a 0. ¿Quién ganará? Si sigue la dinámica de esta temporada la canarinha debe alzarse con el trofeo sin bajarse del autobús.

El paradigma del resultadismo

El hecho de jugar mal y ganar proviene del síndrome de sentirse inferior. Los que hemos jugado a fútbol lo sabemos. El día que jugabas contra el líder que metía un mínimo de 7 goles por partido te encerrabas atrás y buscabas el gol salvador en el único córner que tendrías. Aquél día sufrías, corrías como un gallo sin cabeza y no disfrutabas para nada del fútbol. Pero al final, si sólo perdías 2 a 0, te sentías feliz. Además, si el más alto del equipo marcaba el gol soñado en ese único córner habías logrado la machada y la euforia se desataba en el vestuario. La semana siguiente, aunque jugarás contra el último, ya te valía el 1 a 0. Eran 3 puntos más. No debías esforzarte en crear fútbol ni en buscar los huecos en la defensa rival. Sólo debías correr detrás de la pelota y buscar el pelotazo para que en algún despiste rival tu delantero marcara gol. A la larga, esa pelota del sentirse inferior te había situado líder de la tabla. Ya no sabías tocar la pelota al primer toque y el bueno del equipo sólo era un chupón filigranero que el entrenador dejaba en el banquillo. Tú, que corrías detrás de la pelota como un poseso y que dabas el pase del gol de la victoria desde 60 metros sí que eras bueno. Pero un día el remate de ese córner salvador se iba al palo y perdías 0 a 1 por “un error de concentración”. A la siguiente semana te pones por detrás en el marcador y eres incapaz de remontar simplemente porque no sabes ni por donde empezar a atacar. Al final pierdes por 3 a 0. Pasan dos meses y ni ganas ni juegas a nada. Te das cuenta de que no eres tan bueno y te vuelves a sentir inferior. Este es el “paradigma del resultadismo”. El problema es que muchas veces acaba en éxito y no en fracaso.

El Club Atlètic de Masnou en el Planet Futbol

El sábado visité el Planet Futbol y aluciné al ver que el segundo equipo de Masnou, el Club Atlètic de Masnou, club en el que por cierto tuve el honor de jugar durante 4 temporadas, tenía un stand propio. Este hecho tiene más mérito si tenemos en cuenta que fue el único club de una categoría inferior en tener presencia propia en la Feria Internacional de Fútbol. Así pues, muchas felicidades a todos los responsables de haber llevado al Atlètic hasta el Planet Futbol.

Club Atlètic de Masnou, un caso único (Mundo Deportivo)

21 abril 2006

Ahora hay que ser resultadista

No descubro América si digo que el barcelonismo está atravesando uno de sus momentos más dulces de los últimos 10 años. La Liga está en el saco a falta tan sólo de la confirmación matemática y el sueño de la Champions cada vez parece menos descabellado. Mientras el mundo entero se rinde ante el jogo bonito y efectivo del equipo de Rijkaard, al aficionado culé se le acaban los dedos de las manos para contar a sus ídolos. Ronaldinho, Eto’o, Messi, Deco, Puyol, Márquez, Larsson y Xavi son los favoritos de una plantilla que puede marcar historia, una plantilla que, como afirma el maestro Perarnau (sexto artículo), podría en un futuro llegar a “ser de leyenda” como en su día lo fueron el Ajax de Cruyff, el Bayern de Beckenbauer o el Milan de Sacchi y los tres holandeses.

Eso sí, no hay que olvidar que el fútbol es para los ganadores y no para los perdedores. Es mejor jugar mal y ganar que jugar de maravilla y quedar en las crónicas como el subcampeón. Del segundo nadie se acuerda. No aparece ni en los museos ni en los anuarios. Los subcampeonatos (y ya no digo el caer en semifinales) sólo figura en la historia como un recuerdo amargo del aficionado que padeció la derrota. ¿Por qué en todos los videojuegos de fútbol de los 90’ los cuatro mejores equipos eran Italia, Argentina, Alemania y Brasil? Pues porque eran los campeones de España 82’, México 86’, Italia 90’ y USA 94’. Ni más, ni menos. Ningún programador pensó en poner entre los elegidos a la Holanda subcampeona del 74’ y del 78’. Era la ‘Naranja Mecánica’ que hizo babear a más de uno, de dos y de cien, pero en la historia ha quedado como una selección derrotada, una ‘segundona’.

El Barcelona no jugó bien en San Siro. Es cierto que en la segunda parte bailó a un Milán tocado y hundido tanto psíquica como físicamente, pero a nivel global no fue superior al equipo de Ancelotti. Nadie duda de que el resultado justo hubiese sido un empate, pero en San Siro se tornaron los papeles y el Barcelona, sin hacer un partidazo de manual, acumula hoy todos los elogios. Para la vuelta del Camp Nou y la posible final el aficionado culé no debe pedir espectáculo. Hoy por hoy nos debe valer con un 0 a 0 en Barcelona y un 1 a 0 de penalti en París. El Barcelona ya ha demostrado sobradamente ser el mejor equipo europeo del momento. Ahora falta el sello, la foto con serpentinas azul y granas mientras Puyol levanta la Copa de la grandes orejas, el video de la locura culé con el We are de Champions del maestro Freddy Mercury de fondo.

El estudiante ya ha demostrado que merece el 'Sobresaliente', pero la Copa de Europa no entiende de evaluaciones continuas. Para aprobar hay que pasar el examen final. O sacas un 10 o sacas un 0. Y a estas alturas, si el equipo de Rijkaard debe copiar, pues se copia y punto.

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Foto 1: Ilustración del buen entendimiento actual grada-equipo.

Foto 2: La Naranja Mecánica que perdió dos Mundiales seguidos en la final (y ante las dos anfitrionas).

Foto 3: Ronaldinho haciendo de las suyas.

19 abril 2006

Jaque (casi mate) al rey rossonero

Pocos seguidores azulgranas soñaban ayer con salir de San Siro con una victoria. Todos, o casi todos, se conformaban con meter un gol (1-1 o 2-1) y jugársela a cara de perro en el Camp Nou. Yo me incluyo. Antes de los partidos del Bernabéu y de Stamford Bridge la nota dominante entre el aficionado culé fue el optimismo. La buena marcha del equipo en ambos avantmatch nos hizo, incluso, ser algo prepotentes. Ayer no. Ayer circulaba por la cabeza de muchos un miedo a tropezarse en el penúltimo escalón. ¿Los motivos? Varios: 1. Las bajas de Larsson, Messi y Deco (no nombro a Xavi porque nuestros ojos ya se han acostumbrado a no verle sobre el campo) ponían sobre el césped un ‘once’ obligado sin revulsivos en el banquillo, 2. Que el rival fuera el Milán (aquél 4 a 0 de Atenas y la imagen de Shevchenko perforando la meta de Valdés son síndromes todavía permanentes en el imaginario culé) y, sobretodo, 3. El vaivén del equipo en las últimas fechas (partidos faltos de ritmo en la Liga con empate incluido ante el eterno rival, sufrimiento excesivo ante el Benfica...). Todo ello mezclado se convirtió en una masa compacta que provocó, por primera vez en la temporada, un miedo real a la derrota y en el momento menos indicado.

Y dio la sensación de que lo mismo les sucedió a los propios jugadores. Así, los primeros 15 minutos fueron de infarto. El centro del campo culé no existía y las llegadas rossoneri presagiaban gol. El primer susto fue de órdago: Gilardino recibe de espaldas y, de la nada, saca un trallazo que golpea en el poste de un Valdés vendido. Poco después, el meta azulgrana manda a córner un testarazo de un Shevchenko ayer muy apagado. Luego vinieron las cabalgadas de Kaká, Seedorf y de Serginho que, aunque acabaron en nada, nos mostraban a un Barça apelmazado y muy metido en su área. Ancelotti le estaba ganando la partida de ajedrez a Rijkaard con la estrategia de “acoso y derribo”. Pero minuto a minuto Rijkaard fue adelantando piezas y las tablas se impusieron. Iniesta empezó a tocar, Edmilson dio tres pasos hacia delante y el alfil Giuly inició sus diagonales. Los amarillos fluorescentes empezaron a pisar el área rival y, primero Giuly, y luego Eto’o, inquietaron a Dida y provocaron los primeros ‘run-runs’ en la grada de San Siro. Con ello se llegó al descanso. La partida estaba en tablas. Por puntos iría ganando el Milán, pero en cansancio también.

Ya en los dos primeros minutos de la reanudación se vio que el partido había cambiado. Del juego lento de ambos sin profundidad se pasó a dos idas y venidas agradables a la vista de los aficionados imparciales pero taquicárdicas para los seguidores de unos y otros. Mientras el Milán lanzaba sus últimos dardos (Gilardino en claro fuera de juego erró un gol cantado), el Barça se empezó a gustar. Con Ronaldinho caído al centro e Iniesta en plan Guardiola el conjunto de Rijkaard inició un festival de ‘pim-pams’ en quinta velocidad. Y ahí llegó el gol, obra de una genialidad. Ronaldinho aguanta el intento de derribo de Gattuso y lanza un pase inimaginable para todos menos para el que va dirigido. La diagonal derecha-izquierda de Giuly le deja en posición de chut, y con la izquierda lanza un trallazo que se cuela por el palo de Dida. En aquél mismo instante se aprecia como la suerte estaba, por fin, del lado culé. El chut, la posición y la dirección del balón son idénticos al poste de la primera parte de Gilardino, pero el balón de Giuly sí toca la red. Es el 0 a 1. Es, si me permiten, el milagro. El ‘jaque al rey’ deja muy tocado al Milán. El equipo de Ancelotti llevaba ya varios minutos agotado físicamente y jugando sólo con el corazón. El golpe moral es pues tremendo. Más aún cuando los posteriores ataques rossoneri son contestados con tres contraataques que casi sentencian la eliminatoria (Ronaldinho al poste, falta al borde del área de Nesta y chut peligroso de Iniesta tras un seguido de triangulaciones vertiginosas). ¿La respuesta de Ancelotti? Sacar a Cafú, Maldini y Ambrosini para sellar la portería y buscar pelotazos al área rival. Eso sí, los últimos 5 minutos fueron dramáticos para la parroquia culé. Parecía que el Milán, como equipo italiano, debía marcar al final en una jugada embarullada. Y casi lo logran. Pero por suerte, ni el Milán es tan italiano como la Juventus, ni Ambrosini es tan oportunista como Inzaghi.

Con el pitido final la sensación es muy buena. Sin ser netamente superior, el Barcelona ha logrado vencer en un templo casi inexpugnable como San Siro (el Barça llevaba 46 años sin vencer en el feudo milanista) con un equipo plagado de bajas (en el último cambio Rijkaard tuvo que escoger entre Maxi, Ezquerro y Gabri). Aún y así, el pescado no está, ni mucho menos, totalmente vendido. Faltan 90 minutos de infarto. La partida de ajedrez ha llegado a su ecuador con Rijkaard cantando ‘jaque’ y dejando al rey rossonero muy tocado. Falta la puntilla, el mate definitivo. La torre Eiffel está cerca, pero ante un equipo italiano y con Inzaghi entre sus filas debemos ser cautos. Ya saben: así somos los culés.

El dato: La pasada temporada se acusó al Barcelona de inmadurez. Jugó muy bien al fútbol y arrolló a sus rivales, pero perdió los tres grandes partidos de la temporada (4-2 en el Bernabéu, 2-1 en San Siro y 4-2 en Stamford Bridge). Este año, el conjunto de Rijkaard ha girado la tortilla y ha vencido en los mismos tres templos (0-3 en Chamartín, 1-2 en Londres y 0-1 en el Giuseppe Meazza). Se acabara ganando o no la Champions League, pero lo evidente es que este equipo ha madurado, y mucho.

La anécdota: los protagonistas son Rijkaard y Giuly y la explicó tras el partido el propio técnico holandés. Se ve que en el descanso Rijkaard le comunicó al jugador galo que lo sustituiría a los 10 minutos de la reanudación. Giuly le pidió más minutos y Rijkaard le alargó el cambio hasta el 15'. El menudo extremo francés volvió a regatearle y el técnico azulgrana le otorgó otros 5 minutos más. Así pues, Giuly saldría del campo en el minuto 70. A los 12 minutos del segundo tiempo, Ludovic Giuly anotaba el gol del Barça y en el 70' era sustituido por Belletti. Si Rijkaard no hubiese aceptado el regateo, en el 50’ habría sacado a Giuly y ese gol jamás hubiera existido. Que el técnico holandés explique esta anécdota le hace grande, pues la intención es evidente: Rijkaard ha aplaudido elegantemente a un jugador que lo ha pasado muy mal tras verse relegado por Messi. Cuando un jugador está motivado debe jugar y, ayer, Giuly demostró que tenía unas ganas locas de reivindicarse.

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Todas las fotos han sido extraídas de la página web de El Periódico de Catalunya (www.elperiodico.com)

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Video (www.elpenalti.com): resumen del Milan-Barcelona