Habrá París, habrá ciudad del amor, habrá Amelie, habrá Torre Eiffel, habrá Louvre, Pompidou y Orsay, habrá Notre Dame, habrá retratos por el Sagrado Corazón, habrá Moulin Rouge y Bateaux Mouches por el Sena, habrá luz y rotura de platos en el Barrio Latino, habrá Arco de Triunfo para uno de los dos y precios prohibitivos en los Campos Eliseos. Habrá Stade de France lleno hasta la bandera. Habrá dibujos animados en EuroDisney con Mickey y Pluto y en Saint Denis con Ronaldinho y Henry. Sí, sí, sí, habrá París.
Y por extraño que parezca, la finalísima del 17 enfrentará a los dos equipos europeos que más se han merecido llegar hasta la ciudad de la luz (hecho que no suele suceder). No en vano, son los dos únicos clubes que no han perdido ni un sólo encuentro de los 12 que han disputado. Así, el Arsenal llega con 8 victorias y 4 empates, 14 goles a favor y únicamente 2 en contra. A su vez, el Barcelona también se ha plantado en la final tras vencer 8 partidos y empatar 4, con 22 goles en su haber y 4 en el debe. Por lo que refiere al reparto de goles, hasta 8 jugadores del Arsenal ha conseguido cantar gol en esta edición de la Champions (Henry, 5; Pires y Van Persie, 2; y Touré, Gilberto Silva, Bergkamp, Ljunberg y Cesc, 1). Y en el Barça, 10 jugadores han perforado la red rival (Ronaldinho, 7; Eto'o, 5; Deco, 2; y Van Bommel, Messi, Gabri, Larsson, Ezquerro, Iniesta y Giuly, 1). De estos datos, podemos extraer dos conclusiones. 1. A pesar de la apariencia ofensiva de ambos equipos, los dos funcionan a la perfección defensivamente. 2. Tanto Arsenal como Barcelona son dos equipos que se plantan en el área rival con muchos jugadores que pueden marcar gol. Aún y así, mientras que en el Arsenal sólo destaca Henry (7 goles), en el Barcelona sobresalen en número de goles tanto Ronaldinho como Eto'o (7 y 5 goles, respectivamente).
Otro dato curioso es el referente a la nacionalidad de los integrantes de ambos finalistas. Así, pese a que el Barcelona será, por sorteo, el conjunto que dispute el encuentro como local, éste 'honor' bien debería ser para el Arsenal. Los gunners, a pesar de ser un conjunto inglés, desde la llegada a Highbury del galo Arsène Wenger en 1996 se han convertido en un club de marcado acento francés. De este modo, tras las lesiones de Ashley Cole y de Sol Campbell, en gran parte de la temporada ningún jugador británico ha formado parte del once tipo gunner. Además, en sus filas (seguro que me dejo algún canterano) cuenta con hasta 6 jugadores franceses (Diaby, Flamini, Clichy, Cygan, Pires y Henry). Por su parte, el Barcelona, pese a contar con más jugadores de nacionalidad española entre sus filas que el Arsenal ingleses (Valdés, Oleguer, Puyol, Xavi, Iniesta, Ezquerro, Gabri, Jorquera, Rodri), es un conjunto de claro tono brasileño. De este modo, hasta 6 jugadores de la actual plantilla azulgrana nacieron en Brasil (Belletti, Motta, Silvinho, Edmilson, Deco, Ronaldinho). Además, mientras el Arsenal cuenta con un brasileño (Gilberto Silva), el Barcelona también cuenta con un francés (Giuly). Dentro de este 'enfrentamiento' Francia-Brasil debemos situar el 12 de julio de 1998. Aquella fecha se disputó en el mismo Stade de France la final del Mundial 98 entre las selecciones de Francia y de Brasil (3 a 0; Zidane (2), Petit). Aunque de los 14 jugadores de ambas nacionalidades que hoy juegan en el Arsenal y el Barcelona (6+1 y 6+1) sólo dos estuvieron en aquella final (Henry y Pires, y ambos no disputaron ni un solo minuto), la final del 17 de mayo será como un reencuentro de aquella histórica final, una segunda parte. Esperemos, eso sí, que el tono, esta vez, sea brasileño y no galo.
Como véis, muchos son los datos que giran en torno a la finalísima de París del próximo 17 de mayo. En los próximos días iré desarrollando más números y más curiosidades del Barcelona-Arsenal que dirimirá el campeón de la 50a Copa de Europa.
PD1: En breve publicaré un post sobre todo lo referente a la finalísima Sevilla-Middlesbrough de la UEFA Cup.
PD2: Según aseguró ayer la Cadena Ser, el Atlético de Madrid ha contratado a Sergio Leonel, el 'kun', Agüero. De ser cierto, el club colchonero se ha hecho con los servicios de uno de los jugadores jóvenes con más futuro del fútbol mundial.
28 abril 2006
26 abril 2006
O todo o nada, sin medias tintas
>>> Queen - I want it all
Hoy es el día del todo o nada. Aunque el Barcelona sea ya el virtual campeón de Liga, esta noche, una eliminación frente al Milan sería la caída en el infierno, un nada en el casillero del imaginario culé. Lo siento, pero es que el nivel del equipo es tan grande que las expectativas de éxito nos han desbordado. No es prepotencia, es exigencia. A pesar del nivelazo del Milan de Shevchenko, Kaká, Inzaghi, Seedorf, Pirlo, Nesta y Maldini, este Barça debe ganar hoy. La derrota es totalmente posible, pero, de ser así, el batacazo sería enorme.
Este Barcelona merece jugar la final de París, más todavía tras vencer en el histórico encuentro de San Siro. Luego ya veremos. Las finales no entienden de favoritos ni de méritos, sólo responden a 90 minutos de locura donde los jugadores se transforman para bien o para mal en otros, pues el psíquico juega un papel tan o más importante que la calidad, el físico y la preparación táctica.
El de esta noche es el partido del 18 aniversario de todo adolescente. Esta en juego el hacerse mayor o el quedarse en niño con cuerpo de hombre. Y hoy queremos dejar de jugar a las chapas para pegarnos una timba de Póquer. El pulso es ante un veterano guerrillero curtido en mil batallas, con tatuajes en los brazos que homenajean victorias y cicatrices en la cara fruto de las derrotas más ruínes. Y al otro lado, un Barcelona casto y puro con ganas de pecar.
Hoy es el partido del todo o nada. No hay marcha atrás. Estamos cerca de la cima. El oxígeno escasea pero la bajada ahora es imposible. Ya saben, cuanto más alto subes, más grande es la caída, pero también mayor es el éxito. Parafraseando a Freddie Mercury, "lo queremos todo, y lo queremos ahora".
Hoy es el día del todo o nada. Aunque el Barcelona sea ya el virtual campeón de Liga, esta noche, una eliminación frente al Milan sería la caída en el infierno, un nada en el casillero del imaginario culé. Lo siento, pero es que el nivel del equipo es tan grande que las expectativas de éxito nos han desbordado. No es prepotencia, es exigencia. A pesar del nivelazo del Milan de Shevchenko, Kaká, Inzaghi, Seedorf, Pirlo, Nesta y Maldini, este Barça debe ganar hoy. La derrota es totalmente posible, pero, de ser así, el batacazo sería enorme.
Este Barcelona merece jugar la final de París, más todavía tras vencer en el histórico encuentro de San Siro. Luego ya veremos. Las finales no entienden de favoritos ni de méritos, sólo responden a 90 minutos de locura donde los jugadores se transforman para bien o para mal en otros, pues el psíquico juega un papel tan o más importante que la calidad, el físico y la preparación táctica.
El de esta noche es el partido del 18 aniversario de todo adolescente. Esta en juego el hacerse mayor o el quedarse en niño con cuerpo de hombre. Y hoy queremos dejar de jugar a las chapas para pegarnos una timba de Póquer. El pulso es ante un veterano guerrillero curtido en mil batallas, con tatuajes en los brazos que homenajean victorias y cicatrices en la cara fruto de las derrotas más ruínes. Y al otro lado, un Barcelona casto y puro con ganas de pecar.
Hoy es el partido del todo o nada. No hay marcha atrás. Estamos cerca de la cima. El oxígeno escasea pero la bajada ahora es imposible. Ya saben, cuanto más alto subes, más grande es la caída, pero también mayor es el éxito. Parafraseando a Freddie Mercury, "lo queremos todo, y lo queremos ahora".
Lehmann hunde el submarino
El despertar no ha podido ser más trágico. En el fútbol, como en todas las facetas de la vida, ser mejor y perder es siempre doloroso. Y si encima te quedas a las puertas una final de Champions League tras vapulear a todo un Arsenal fallando un penalti a 2 minutos del final, el batacazo contra la dura realidad es de órdago.
Objetivamente, el Villarreal ha sido muy superior al Arsenal de Henry, Cesc y Touré. Los discípulos de Pellegrini han cuajado un encuentro fantástico -especial mención para Javi Venta- y han logrado encerrar en su propia área a unos gunners que ya no sabían cómo perder más tiempo para acabar con el justito pero válido 0 a 0. Al final, la falta de pegada amarilla en los 180 minutos de eliminatoria ha acabado por hundir en la miseria al Submarino Amarillo. Y por ello, el incombustible Eboué, el coloso Touré (gol incluído) y el infranquable Lehmann han sido los grandes protagonistas de la eliminatoria.
Tardará tiempo 'Guille' Franco en borrar de su mente las ocasiones perdidas como pasarán meses hasta que Riquelme olvide las manoplas de Lehmann parándole el penalti de la prórroga y, quién sabe ya, si de la final soñada. La imagen de un Touré eufórico abrazando al meta teutón contrastaba con la mirada 'a ninguna parte' de Riquelme y con los ojos llorosos de un abatido Roig en el palco y de 23.000 seguidores en la grada.
En caliente, es lógico que en Villarreal estén de luto. Antes del encuentro, el sueño de París parecía más una ilusión imposible que un hecho tangible, pero la superioridad demostrada hoy ante el Arsenal ha aumentado el cardenal del trompazo final. Con el tiempo, en Villarreal se darán cuenta de lo que han hecho y recordarán la temporada 2005-06 como un logro y no como una derrota. Así es el fútbol, un deporte lleno de pasión, emoción, alegrías y penas en el que pocas veces vencen los mejores. Hoy ha caído el Villarreal, pero las imágenes de su extraordinaria andadura en esta Copa de Europa jamás desaparecerán de la mente de todos.El dato: Esta es la segunda vez que el Villarreal se queda a las puertas de una final europea. Hace dos temporadas, el Submarino Amarillo cayó en las semifinales de la UEFA Cup ante el Valencia tras empatar 0 a 0 en El Madrigal y perder 1 a 0 en Mestalla (gol de Mista).
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Fotos extraídas de www.marca.com
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Video: el penalti de Riquelme (martiperarnau.blogspot.com)
24 abril 2006
Larga vida al buen fútbol
En el pasado artículo afirmaba que el Barcelona debía ser ahora resultadista. Una vez el conjunto de Frank Rijkaard ha demostrado por activa y por pasiva ser el mejor equipo de toda Europa debe certificar esta condición alzando la Copa de Europa. Para ello debe empatar un partido en casa y vencer la finalísima de París (4 puntos --1+3, nunca 3+1-- en dos encuentros). Y para ello son innecesarios los taconazos, las rabonas y las jugadas de 17 pases al primer toque. Todo esto no significa que un equipo que quiere ser el mejor no deba practicar un juego bonito y atrayente para el aficionado. Así, el Barcelona, el Arsenal, el Milan, el Olympique de Lyon o el Werder Bremen han demostrado ser conjuntos que saben jugar al fútbol y dignos de ser situados entre los mejores del año. Estos equipos, cuando finalice la temporada, levantarán o no algún trofeo, pero sus aficionados no podrán decir que han pagado una entrada o un carnet de socio sin ver espectáculo.
Al otro lado de la balanza están los equipos que tienen al resultadismo como principal leit motive. Aquí encontramos, entre otras decenas de equipos, al Oporto de Mourinho, a la Grecia de Otto Rehhagel, al Valencia y Liverpool de Benítez, a la Juventus de Capello y al actual 'petroChelsea'. Como habréis comprobado, todos los citados comparten tanto el hecho de haber ganado títulos de renombre como el haber practicado un fútbol que ha aburrido hasta a las ovejas más marchosas. Algunos querréis salvar al Chelsea de Mourinho aludiendo a que los blues han jugado bien algunos partidos. No nos engañemos. Un equipo que gasta lo que gasta y que cuenta en sus filas con jugadores de la talla y la calidad de Lampard, Robben, Joe Cole o Drogba está obligado a mucho más que a ganar partidos por la mínima y con Terry de ariete en los momentos difíciles (ver 'paradigma del resultadismo').
Esta temporada, a pesar que tanto Chelsea como Juventus acabarán ganando sus respectivos campeonatos, los románticos del buen fútbol podemos sonreír. Por un lado, el superChelsky invencible acabará el año con más pena que gloria y con la sensación final de haber medio fracasado. Tras caer eliminados en octavos de final de la Champions ante un Barcelona que le bailó y le ganó en un estadio embarrizado a posta, los blues se alzarán con una Premier al final más sufrida de la cuenta y con la sensación de no haber sido tan dominadores como en invierno alardeaba Mourinho. Lo cierto es que tanto Manchester United como Arsenal despertaron muy tarde de un letargo extraño que permitió la escapada, al final irrevocable, de los blues. Lo que debería ser un título histórico (tercera Premier de toda su historia y segunda seguida) se ha convertido, al final, en un logro agridulce. Prueba de ello es la tercera megainversión que llevará a cabo Abramovich este verano con la intención de crear un Chelsea de leyenda. Jugadores no le van a faltar (de momento van Ballack y Shevchenko), pero quizá la filosofía del fútbol ofensivo y de altos quilates sí (no se deja de ser un equipo resultadista de la noche a la mañana). En segundo lugar, encontramos a la Juventus del siempre especulativo Capello que ahora sufre canínamente para certificar este Scudetto que parecía suyo desde el principio. A pesar de los constantes tropiezos del Milan y de las múltiples ayudas arbitrales que ha disfrutado durante toda la temporada, la Vecchia Signora sólo le saca tres puntos al conjunto de Berlusconi a falta de 3 jornadas. Con el calendario en mano está claro que el título no se le va a escapar, pero, al igual que al aficionado blue, el sabor final que le quedará al tifosi bianconero no es del todo dulce. En Champions, la Juventus fue vapuleada por el juvenil y alegre Arsenal de Wénger en el ya añorado Highbury demostrando además ser incapaz de atacar en la vuelta. Supongo que los 'mandamientos' de Capello se lo prohibían. La Juventus es un equipo que, históricamente, ha practicado un juego aburrido y tostón que jamás llenó ni llenará Delle Alpi. Si a esta filosofía de club le añadimos a Capello estamos juntando el hambre con las ganas de comer. Además, en Torino se espera un verano de lo más movidito. Los grandes pilares bianconeros están envejeciendo y la renovación de la plantilla parece ya inevitable. Jugadores como Thuram, Cannavaro, Emerson, Del Piero, Nedved, Vieira o Trezeguet están llegando ya al final de sus respectivas carreras y los nuevos buques insignias no acaban de convencer. Camoranesi ha tenido esta temporada muchos problemas con Capello y, tras su autoexpulsión de Highbury, parece estar más fuera que dentro de la Juventus. El segundo futuro líder, Ibrahimovich, está siendo muy criticado por su falta de gol y también podría hacer las maletas en busca de algún club que sepa anteponer su enorme calidad técnica a su falta de instinto asesino.
Por todo ello, podemos afirmar que esta temporada, y en contra de lo que históricamente suele suceder, el buen fútbol se ha impuesto al resultadismo. Así, equipos como el Barcelona o el Lyon han plasmado su jogo bonito en forma de Liga. Además, en la Champions League quedan vivos 4 equipos que prefieren una rabona a un gol de rebote y que, en algún momento, han vengando a los de su especie frente al bloque resultadista. De este modo, el Arsenal bailó a la Juventus, el Barcelona hizo lo propio con el Chelsea, el Villarreal pasó por encima del especulativo juego del Inter y el Milan se cargó al rocoso Bayern de Munich con un espectacular 4 a 1. Además, tras la injusta eliminación del vistoso Olympique de Lyon en manos de un Milan en aquella eliminatoria vestido de resultadista, el equipo de Ancelotti sucumbió en su propio estadio ante la magia de Ronaldinho e Iniesta.
Como cada año, muchos son los goles, jugadas, equipos y jugadores que entrarán en el anuario de la temporada 2005-06. Y como siempre saltará alguna sorpresa. Una de ellas, la victoria del jogo bonito en el apartado 'buen fútbol versus resultadismo'. La siguiente 'batalla' de este parámetro la viviremos en el próximo Mundial. Del lado del jogo bonito estarán Brasil y Holanda que deberán enfrentarse a las Italias y Alemanias amantes del 1 a 0. ¿Quién ganará? Si sigue la dinámica de esta temporada la canarinha debe alzarse con el trofeo sin bajarse del autobús.
El paradigma del resultadismo
El hecho de jugar mal y ganar proviene del síndrome de sentirse inferior. Los que hemos jugado a fútbol lo sabemos. El día que jugabas contra el líder que metía un mínimo de 7 goles por partido te encerrabas atrás y buscabas el gol salvador en el único córner que tendrías. Aquél día sufrías, corrías como un gallo sin cabeza y no disfrutabas para nada del fútbol. Pero al final, si sólo perdías 2 a 0, te sentías feliz. Además, si el más alto del equipo marcaba el gol soñado en ese único córner habías logrado la machada y la euforia se desataba en el vestuario. La semana siguiente, aunque jugarás contra el último, ya te valía el 1 a 0. Eran 3 puntos más. No debías esforzarte en crear fútbol ni en buscar los huecos en la defensa rival. Sólo debías correr detrás de la pelota y buscar el pelotazo para que en algún despiste rival tu delantero marcara gol. A la larga, esa pelota del sentirse inferior te había situado líder de la tabla. Ya no sabías tocar la pelota al primer toque y el bueno del equipo sólo era un chupón filigranero que el entrenador dejaba en el banquillo. Tú, que corrías detrás de la pelota como un poseso y que dabas el pase del gol de la victoria desde 60 metros sí que eras bueno. Pero un día el remate de ese córner salvador se iba al palo y perdías 0 a 1 por “un error de concentración”. A la siguiente semana te pones por detrás en el marcador y eres incapaz de remontar simplemente porque no sabes ni por donde empezar a atacar. Al final pierdes por 3 a 0. Pasan dos meses y ni ganas ni juegas a nada. Te das cuenta de que no eres tan bueno y te vuelves a sentir inferior. Este es el “paradigma del resultadismo”. El problema es que muchas veces acaba en éxito y no en fracaso.
Al otro lado de la balanza están los equipos que tienen al resultadismo como principal leit motive. Aquí encontramos, entre otras decenas de equipos, al Oporto de Mourinho, a la Grecia de Otto Rehhagel, al Valencia y Liverpool de Benítez, a la Juventus de Capello y al actual 'petroChelsea'. Como habréis comprobado, todos los citados comparten tanto el hecho de haber ganado títulos de renombre como el haber practicado un fútbol que ha aburrido hasta a las ovejas más marchosas. Algunos querréis salvar al Chelsea de Mourinho aludiendo a que los blues han jugado bien algunos partidos. No nos engañemos. Un equipo que gasta lo que gasta y que cuenta en sus filas con jugadores de la talla y la calidad de Lampard, Robben, Joe Cole o Drogba está obligado a mucho más que a ganar partidos por la mínima y con Terry de ariete en los momentos difíciles (ver 'paradigma del resultadismo').
Esta temporada, a pesar que tanto Chelsea como Juventus acabarán ganando sus respectivos campeonatos, los románticos del buen fútbol podemos sonreír. Por un lado, el superChelsky invencible acabará el año con más pena que gloria y con la sensación final de haber medio fracasado. Tras caer eliminados en octavos de final de la Champions ante un Barcelona que le bailó y le ganó en un estadio embarrizado a posta, los blues se alzarán con una Premier al final más sufrida de la cuenta y con la sensación de no haber sido tan dominadores como en invierno alardeaba Mourinho. Lo cierto es que tanto Manchester United como Arsenal despertaron muy tarde de un letargo extraño que permitió la escapada, al final irrevocable, de los blues. Lo que debería ser un título histórico (tercera Premier de toda su historia y segunda seguida) se ha convertido, al final, en un logro agridulce. Prueba de ello es la tercera megainversión que llevará a cabo Abramovich este verano con la intención de crear un Chelsea de leyenda. Jugadores no le van a faltar (de momento van Ballack y Shevchenko), pero quizá la filosofía del fútbol ofensivo y de altos quilates sí (no se deja de ser un equipo resultadista de la noche a la mañana). En segundo lugar, encontramos a la Juventus del siempre especulativo Capello que ahora sufre canínamente para certificar este Scudetto que parecía suyo desde el principio. A pesar de los constantes tropiezos del Milan y de las múltiples ayudas arbitrales que ha disfrutado durante toda la temporada, la Vecchia Signora sólo le saca tres puntos al conjunto de Berlusconi a falta de 3 jornadas. Con el calendario en mano está claro que el título no se le va a escapar, pero, al igual que al aficionado blue, el sabor final que le quedará al tifosi bianconero no es del todo dulce. En Champions, la Juventus fue vapuleada por el juvenil y alegre Arsenal de Wénger en el ya añorado Highbury demostrando además ser incapaz de atacar en la vuelta. Supongo que los 'mandamientos' de Capello se lo prohibían. La Juventus es un equipo que, históricamente, ha practicado un juego aburrido y tostón que jamás llenó ni llenará Delle Alpi. Si a esta filosofía de club le añadimos a Capello estamos juntando el hambre con las ganas de comer. Además, en Torino se espera un verano de lo más movidito. Los grandes pilares bianconeros están envejeciendo y la renovación de la plantilla parece ya inevitable. Jugadores como Thuram, Cannavaro, Emerson, Del Piero, Nedved, Vieira o Trezeguet están llegando ya al final de sus respectivas carreras y los nuevos buques insignias no acaban de convencer. Camoranesi ha tenido esta temporada muchos problemas con Capello y, tras su autoexpulsión de Highbury, parece estar más fuera que dentro de la Juventus. El segundo futuro líder, Ibrahimovich, está siendo muy criticado por su falta de gol y también podría hacer las maletas en busca de algún club que sepa anteponer su enorme calidad técnica a su falta de instinto asesino.
Por todo ello, podemos afirmar que esta temporada, y en contra de lo que históricamente suele suceder, el buen fútbol se ha impuesto al resultadismo. Así, equipos como el Barcelona o el Lyon han plasmado su jogo bonito en forma de Liga. Además, en la Champions League quedan vivos 4 equipos que prefieren una rabona a un gol de rebote y que, en algún momento, han vengando a los de su especie frente al bloque resultadista. De este modo, el Arsenal bailó a la Juventus, el Barcelona hizo lo propio con el Chelsea, el Villarreal pasó por encima del especulativo juego del Inter y el Milan se cargó al rocoso Bayern de Munich con un espectacular 4 a 1. Además, tras la injusta eliminación del vistoso Olympique de Lyon en manos de un Milan en aquella eliminatoria vestido de resultadista, el equipo de Ancelotti sucumbió en su propio estadio ante la magia de Ronaldinho e Iniesta.
Como cada año, muchos son los goles, jugadas, equipos y jugadores que entrarán en el anuario de la temporada 2005-06. Y como siempre saltará alguna sorpresa. Una de ellas, la victoria del jogo bonito en el apartado 'buen fútbol versus resultadismo'. La siguiente 'batalla' de este parámetro la viviremos en el próximo Mundial. Del lado del jogo bonito estarán Brasil y Holanda que deberán enfrentarse a las Italias y Alemanias amantes del 1 a 0. ¿Quién ganará? Si sigue la dinámica de esta temporada la canarinha debe alzarse con el trofeo sin bajarse del autobús.
El paradigma del resultadismo
El hecho de jugar mal y ganar proviene del síndrome de sentirse inferior. Los que hemos jugado a fútbol lo sabemos. El día que jugabas contra el líder que metía un mínimo de 7 goles por partido te encerrabas atrás y buscabas el gol salvador en el único córner que tendrías. Aquél día sufrías, corrías como un gallo sin cabeza y no disfrutabas para nada del fútbol. Pero al final, si sólo perdías 2 a 0, te sentías feliz. Además, si el más alto del equipo marcaba el gol soñado en ese único córner habías logrado la machada y la euforia se desataba en el vestuario. La semana siguiente, aunque jugarás contra el último, ya te valía el 1 a 0. Eran 3 puntos más. No debías esforzarte en crear fútbol ni en buscar los huecos en la defensa rival. Sólo debías correr detrás de la pelota y buscar el pelotazo para que en algún despiste rival tu delantero marcara gol. A la larga, esa pelota del sentirse inferior te había situado líder de la tabla. Ya no sabías tocar la pelota al primer toque y el bueno del equipo sólo era un chupón filigranero que el entrenador dejaba en el banquillo. Tú, que corrías detrás de la pelota como un poseso y que dabas el pase del gol de la victoria desde 60 metros sí que eras bueno. Pero un día el remate de ese córner salvador se iba al palo y perdías 0 a 1 por “un error de concentración”. A la siguiente semana te pones por detrás en el marcador y eres incapaz de remontar simplemente porque no sabes ni por donde empezar a atacar. Al final pierdes por 3 a 0. Pasan dos meses y ni ganas ni juegas a nada. Te das cuenta de que no eres tan bueno y te vuelves a sentir inferior. Este es el “paradigma del resultadismo”. El problema es que muchas veces acaba en éxito y no en fracaso.
El Club Atlètic de Masnou en el Planet Futbol
El sábado visité el Planet Futbol y aluciné al ver que el segundo equipo de Masnou, el Club Atlètic de Masnou, club en el que por cierto tuve el honor de jugar durante 4 temporadas, tenía un stand propio. Este hecho tiene más mérito si tenemos en cuenta que fue el único club de una categoría inferior en tener presencia propia en la Feria Internacional de Fútbol. Así pues, muchas felicidades a todos los responsables de haber llevado al Atlètic hasta el Planet Futbol.Club Atlètic de Masnou, un caso único (Mundo Deportivo)
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